Prospectiva CIDES

De potreros a selvas en la Cuenca del Canal

Julio, 2017

En algunas áreas de la Cuenca del Canal de Panamá, la tradicional transformación de bosques a cultivos, y de ahí a potreros, está viéndose revertida gracias a los esfuerzos del Programa de Incentivos Económicos Ambientales. En esta primera entrega de Prospectiva CIDES, acompañamos a los hermanos Vargas, pequeños productores locales, a lo largo de este proceso.

En algunas zonas de la Cuenca del Canal de Panamá, la tradicional transformación de bosques a cultivos, y de ahí a potreros, está viéndose revertida (quizá no a selvas propiamente dicho, pero sí a algo más diverso, saludable y sostenible).1

José Vargas recorre su parcela agroforestal dentro de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá.

Los hermanos Vargas viven y trabajan la tierra en la comunidad de Gasparillal. Muy cerca de ahí, el río Trinidad descarga sus aguas al Lago Gatún, el gran reservorio del Canal de Panamá.

José, el mayor de los tres, cuenta que su padre llegó desde Penonomé muchas décadas
atrás, cuando él aún era un niño. En ese entonces había tanta riqueza natural el área, que podían comer venado todo el tiempo. Pero pasó el tiempo y, como suele ocurrir, fueron “tumbándolo todo” poco a poco. Eventualmente terminaron con unas cuantas vacas en una tierra que no daba frutos; la quebrada que cruzaba su propiedad, completamente seca.

Las cosas comenzaron a cambiar hace unos años, cuando llegó la asesoría del Programa de Incentivos Económicos Ambientales (PIEA), gestionado por la División de Ambiente de la Autoridad del Canal de Panamá, con el apoyo de los Ministerios de Ambiente y de Desarrollo Agropecuario.

¿Cómo proteger los recursos bosque, suelo y agua para garantizar el funcionamiento del Canal y la salud del área metropolitana?
La participación de los productores locales es vital.

Es sabido que el Canal necesita agua en abundancia para poder operar, y también para abastecer de agua potable a toda el área metropolitana de Panamá y Colón (en el Pacífico y Atlántico, respectivamente).

No tan sabido es que el agua necesita del bosque para mantener su calidad y su caudal. El bosque funciona como un mecanismo de retención que regula los
flujos hídricos, evitando que suban abruptamente cuando llueve mucho, y que desaparezcan cuando no; además, evita erosión del suelo y la sedimentación de ríos y lagos.

Podemos verlo todo como una cadena de interdependencias a diferentes escalas: Comunidades–Bosque–Suelo– Agua–Canal–Ciudad

Y quizá menos sabido es que dentro de la Cuenca del Canal habitan centenares de familias de campesinos que dependen de sus recursos y que, de alguna u otra forma, impactan sus bosques.

Así, podemos verlo todo como una cadena de interdependencias a diferentes escalas: la restauración y protección del bosque, para conservar los recursos suelo y agua de la Cuenca del Canal –y en armonía con las actividades de sus habitantes– es la misión del Programa de Incentivos Económicos Ambientales.

En sentido horario desde arriba: (1) La cobertura vegetal protege al suelo de los efectos erosivos de la lluvia. (2) Un plantón de café en pleno crecimiento (3) un representante de la biodiversidad que alberga el área.

Durante la administración norteamericana del Canal, gran parte de la cuenca se
encontraba bajo su total control y autoridad. Por ello era muy fácil restringir el uso de la tierra para beneficio de la vía acuática.

Hoy en día, con la Cuenca y el Canal en manos panameñas, existen tierras que son
protegidas por el Estado, las cuales se pueden gestionar de forma similar a través del Ministerio de Ambiente. Pero el grueso del territorio está bajo la tenencia de más las de diez mil familias de pequeños campesinos que ahí habitan.

Entonces, el principal desafío que enfrenta el Programa radica en cómo trabajar con las expectativas de éstos, sus ahora imprescindibles socios estratégicos.

Izquierda: Café de bajura (variedad robusta) que crece en plantaciones agroforestales en la Cuenca del Canal de Panamá. Derecha: Técnica de control de la plaga la broca del café.

En Panamá es muy común esperar que organizaciones gubernamentales o del desarrollo lleguen a un lugar a “resolverle” los problemas a la población. No es extraño recibir “incentivos” en efectivo de parte de iniciativas con interés social; pero los resultados no suelen ser buenos en el largo plazo, y en la mayoría de los casos conducen a las peores formas de paternalismo.

Es por esto que el enfoque aquí radica en empoderar a la población, ofreciendo alternativas económicamente sostenibles que favorezcan la conservación de los recursos naturales.

Efectos nocivos en una cuenca hidrográfica a causa de actividades agrícolas no sostenibles

Así, el Programa de Incentivos Económicos Ambientales celebra acuerdos con los productores que requieren del compromiso de ambas partes.

Por un lado, el Programa se compromete con brindar toda la asesoría necesaria para mejorar las operaciones. Y por el otro, los productores se comprometen con no talar los árboles que se encuentran en sus propiedades, con proteger los ríos y quebradas que corren por sus tierras, con velar por la prevención y control de incendios forestales, y con apoyar en los esfuerzos por evitar la cacería y la extracción ilegal de productos forestales.

De esta manera, al mismo tiempo que se preservan los recursos naturales de la cuenca, se fortalecen los medios de vida de las comunidades locales. Es el mejor ejemplo de una relación en la que todos ganan.

Los hermanos Vargas. De izquierda a derecha, y de mayor a menor: José, Isidoro y Máximo.

Hace unas cuantas décadas, José Vargas comenzó a incursionar en el cultivo de café. Después de más de 10 años de intentos infructuosos siguiendo prácticas tradicionales, recibió del Programa de Incentivos Económicos Ambientales la transferencia tecnológica que finalmente lo llevó a elevar sus rendimientos. Se trata del cultivo de café con sombra.

"…al mismo tiempo que se preservan los recursos naturales de la cuenca, se fortalecen los medios de vida de las comunidades locales."

Bajo esta modalidad de agroforestería, los árboles de café comparten la parcela con otros tipos de árboles, los cuales proveen la sombra necesaria para que esta variedad de café –conocida como robusta, bajo sombra o de bajura– crezca saludablemente. Además, el consecuente incremento en la cobertura vegetal disminuye la erosión del suelo y ayuda a la conservación de los recursos hídricos.

Reforestación con especies nativas en la Cuenca del Canal de Panamá

Inicialmente, las iniciativas de reforestación en las Áreas de Operación del Canal utilizaban especies no nativas, debido a la alta disponibilidad de semillas y a sus características de rápido crecimiento. Sin embargo, en 1998 se cambió el enfoque hacia la restauración ecológica, que utiliza solamente especies nativas para así imitar la diversidad que se encuentra en la naturaleza.

De esta manera, junto con el manejo de la maleza y la regeneración de semillas dispersadas por agentes naturales (viento, animales terrestres y aves), se promueve gradualmente la recuperación de la cobertura vegetal –y del hábitat para la fauna local– en áreas intervenidas. Además, su inesperado desarrollo ha desafiado la idea de que las especies nativas son de lento crecimiento.

Fuente: Adaptado de Cerezo (2011).

Pero los beneficios no terminan ahí. Los árboles que crecen junto al café caen dentro de tres categorías principales, según las funciones que realizan, en lo que se conoce como smart reforestation o reforestación inteligente:

  • Árboles maderables: representan una inversión a largo plazo para las familias
  • Árboles frutales: son una constante fuente nutricional (o de ingresos).
  • Árboles de servicios: proporcionan importante abono cuando sus hojas, ricas en nutrientes, caen al suelo y se descomponen.

La palabra clave es diversificación, y la mezcla agroforestal se va haciendo de forma escalonada: diferentes especies acompañan al café durante diferentes etapas de su crecimiento.  Así, el café no sólo es receptor de sombra, sino que también proporciona espacio temporal a otros cultivos como el maíz y el frijol, por ejemplo.

En sentido horario desde arriba: (1) Máximo Vargas inspecciona una parcela de café con sombra. (2) Entre el café crecen frutales como cacao (en la foto), además de mango, aguacate, guabas, banano, y muchos más. (3) José Vargas demuestra un mecanismo de control de la plaga la broca del café.

Pese a todo lo anterior, la resistencia al cambio es una realidad que no se puede ignorar. Mientras que José y su hermano Máximo (el menor de los tres) comenzaron a implementar las técnicas de café con sombra, Isidoro, el del medio, se mantuvo algo incrédulo. Pensaba, “esto no hace sentido, las plantas necesitan luz, cuanto más, mejor.”

Pensaba, “esto no hace sentido, las plantas necesitan luz, cuanto más, mejor.” - Isidoro Vargas

Isidoro decidió entonces hacer un experimento y comprobar la teoría por sí mismo. Tomó una pequeña parcela y la dividió en dos. En una mitad aplicó la tradicional roza-quema y sembró café (y sólo café). En la otra aplicó las técnicas agroforestales prescritas por el Programa. Después de una temporada, las conclusiones saltaban a la vista. Los árboles de café en la primera mitad tenían un aspecto amarilloso, y las hojas estaban algo achurradas. Pero la otra mitad mostraba un tono de verde saludable, mayor altura y, sobre todo, rendimientos muy superiores. Desde ese momento, Isidoro quedó convertido. Ahora es unos de los más acérrimos defensores de los sistemas agroforestales, y asiste a todas las reuniones organizadas por el Programa.

Este tipo de curiosidad científica es precisamente lo que se necesita para que el conocimiento no viaje solamente en una dirección. Gracias a la experiencia trabajando en la Cuenca del Canal se han podido mejorar algunas técnicas de producción, las cuales tienen el potencial de ser transferidas a otros lugares. Por ejemplo, la distancia entre plantones de café recomendada por la literatura es de 3m, pero aquí se ha demostrado que a 4m los rendimientos por área son mejores, al menos bajo las condiciones prevalentes en la zona.

Izquierda: Arturo Cerezo, asesor del Programa de Incentivos Ambientales, intercambia conocimientos con los productores; es claro que la relación que se ha cultivado entre ellos es una de mucha confianza y respeto mutuo.
Derecha: Edgardo Nuñez representa una nueva generación que está heredando los beneficios de la transferencia tecnológica.

Después de años de éxito en lo que a rendimientos se refiere, el siguiente paso para los productores del Programa consiste en recibir asesoría en gestión empresarial. Esto con el fin de llevar sus operaciones a otro nivel de organización, incluyendo el acceso a nuevos mercados.

El laboratorio viviente

La Cuenca del Canal de Panamá es un escenario único. Desde la concepción del CIDES fue vista como uno de sus pilares estratégicos: un laboratorio viviente altamente propicio para la investigación y la educación sobre ecosistemas tropicales. En sus más de 300 mil hectáreas encontramos:

  • Diversidad de recursos naturales (lagos, ríos, áreas costeras, bosques naturales, biodiversidad, etc.)
  • Abundancia de recursos hídricos
  • Diversidad de usos de la tierra (agricultura comercial y de subsistencia, ganadería, pesca, turismo, industrias, parques nacionales, navegación, puertos, áreas urbanas, etc.)
  • Diversidad étnica y cultural
  • Más de 110 años de registros meteorológicos
  • Más de 90 años de investigación biológica y ecológica.

El aspecto contable es fundamental. “Llevar registros es algo que el campesino tradicionalmente no hace,” cuenta Arturo Cerezo, ingeniero agrónomo de la Autoridad del Canal, y uno de los principales impulsores del Programa. “¿Cuánto cultiva? ¿Cuánto de esto consume? ¿Cuándo vende, intercambia, regala…? Se necesitan cifras para realmente poder demostrar las mejoras.”

En la actualidad, los hermanos Vargas –y decenas de otros productores en el área– han recibido equipo (como secadores solares y piladoras) proporcionado por la Autoridad del Canal y la Fundación NATURA, para poder procesar su café. Como parte de la Asociación de Productores de Café de las Subcuencas de los Ríos Cirí y Trinidad del Canal de Panamá (ACACPA), sus esfuerzos ahora se centran en el mercadeo y comercialización de este café único, cultivado en las inmediaciones de una vía interoceánica mundialmente conocida. Incluso cuentan con una marca en fases finales de desarrollo, tentativamente denominada Cuencafé.

Las tierras de los hermanos Vargas presentan un claro ejemplo de cómo una visión ecosistémica genera beneficios integrales.
“¿Cuánto vale una taza de café?... No tiene precio.” - José Vargas

Después de casi 9 años de trabajar bajo la asesoría del Programa, los resultados para los hermanos Vargas –y para el área que ocupan en la Cuenca del Canal– hablan por sí mismos:

  • La cobertura boscosa ha incrementado considerablemente: Quizá se podría argumentar que ahora hay más bosque porque la población del área se encuentra en descenso. Pero lo que ocurre es todo lo contrario: la población local está creciendo. En lugar de emigrar a la ciudad en busca de oportunidades, los jóvenes están optando por quedarse, gracias a las nuevas formas de trabajar con la tierra (relevo generacional).
  • Hay más agua. Hoy en día, la quebrada que cruza la propiedad de los Vargas –hace años convertida en una zanja desprovista de agua– ha recuperado su caudal, gracias al incremento de la cobertura boscosa circundante. Incluso han creado un pequeño reservorio y colocado una toma de agua que funciona para usos múltiples, incluso durante la época seca.
  • Han regresado especies de fauna, como venados, tucanes y monos, que años antes habían desaparecido del área.
  • Los rendimientos se han multiplicado: los productores locales ahora cuentan con fuentes de ingresos mucho más diversas, confiables y, sobre todo, rentables.
  • Los rendimientos se han acelerado: los rendimientos no solamente se han incrementado por cada cosecha, sino que los períodos entre cosecha se han acortado. Así lo afirma José, “antes pasábamos 11 años esperando que madure una siembra, ahora en 2 y medio ya estamos listos para cosechar”.

“¿Cuánto vale una taza de café?” Para José Vargas, “no tiene precio.” No lo dice porque el suyo sea un café único (aunque lo es), tampoco porque para él y su familia su producción haya representado una transformación desde la subsistencia hacia la prosperidad. Sino porque, cuando dos personas se sientan a conversar con una taza café, el valor de las ideas que fluyen y de los vínculos que se forman va más allá de lo material.