Revista CIDES

De potreros a selvas en la Cuenca del Canal

Junio, 2017

En algunas áreas de la Cuenca del Canal de Panamá, la imperante transformación de bosques a cultivos, y de ahí a potreros, está viéndose revertida gracias a los esfuerzos del Programa de Incentivos Económicos Ambientales. En este fotorreportaje, un equipo enviado por el CIDES cuenta la historia de los hermanos Vargas, productores locales a pequeña escala en la comunidad de Gasparillal.

En algunas zonas de la Cuenca del Canal de Panamá, la tradicional transformación de bosques a cultivos, y de ahí a potreros, está viéndose revertida.*

Textos ANDRÉS TARTÉ
Fotos VÍCTOR MARES

 

José Vargas recorre su parcela agroforestal dentro de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá.

Los hermanos Vargas viven y trabajan la tierra en la comunidad de Gasparillal. Muy cerca de ahí, el río Trinidad descarga sus aguas al Lago Gatún, el gran reservorio del Canal de Panamá.

José, el mayor de los tres, cuenta que su padre llegó desde Penonomé muchas décadas atrás, cuando él aún era un niño. “En ese entonces había tanta riqueza el área que comíamos venado todo el tiempo”. Pero pasó el tiempo y, como suele ocurrir, fueron “tumbándolo todo” poco a poco. Eventualmente terminaron con unas cuantas vacas en una tierra que no daba frutos; la quebrada que cruzaba su propiedad completamente seca.

Unos años más tarde, las cosas comenzaron a cambiar para bien con la llegada del Programa de Incentivos Económicos Ambientales (PIEA), gestionado por la División de Ambiente de la Autoridad del Canal de Panamá, con el apoyo de la Fundación NATURA y los Ministerios de Ambiente y de Desarrollo Agropecuario.

¿Cómo proteger los recursos bosque, suelo y agua para garantizar el funcionamiento del Canal y la salud del área metropolitana? La participación de los productores locales es vital.

Es sabido que el Canal necesita agua en abundancia para poder operar y para abastecer de agua potable a toda el área metropolitana de Panamá y Colón (en el Pacífico y Atlántico, respectivamente).

No tan sabido es que el agua necesita del bosque para mantener su calidad y su caudal. El bosque funciona como un mecanismo de retención que regula los flujos hídricos, evitando que suban abruptamente cuando llueve mucho, y que desaparezcan cuando no; además, evita la erosión del suelo y la sedimentación de ríos y lagos.

Podemos verlo todo como una cadena de interdependencias a diferentes escalas: Comunidades–Bosque–Suelo–Agua–Canal–Ciudad

Y quizá menos sabido es que dentro de la Cuenca del Canal habitan centenares de familias de campesinos que dependen de sus recursos y que, de alguna u otra forma, impactan sus bosques.

La restauración y protección del bosque para conservar los recursos suelo y agua de la Cuenca del Canal –en armonía con las actividades de sus habitantes– es la misión del Programa de Incentivos Económicos Ambientales (PIEA).

En sentido horario desde arriba: (1) La cobertura vegetal protege al suelo de los efectos erosivos de la lluvia. (2) Un plantón de café en pleno crecimiento. (3) Un representante de la biodiversidad que alberga el área.

Durante la administración norteamericana del Canal, gran parte de la cuenca se encontraba bajo su total control. Por ello era muy fácil restringir el uso de la tierra para beneficio de la vía acuática.

Hoy en día, con la Cuenca y el Canal en manos panameñas, sí existen tierras que son protegidas por el Estado que se pueden gestionar de forma similar. Pero el grueso del territorio está bajo la tenencia de las más de diez mil familias de pequeños campesinos que ahí habitan. Así, el principal desafío que enfrenta el Programa radica en cómo trabajar con las expectativas de éstos, sus ahora imprescindibles socios estratégicos.

Izquierda: Café de bajura (variedad robusta) que crece en plantaciones agroforestales en la Cuenca del Canal de Panamá. Derecha: Técnica de control de la plaga la broca del café.

En Panamá es muy común esperar que organizaciones gubernamentales o benéficas llegarán a un lugar a resolverle los problemas a la población. No es extraño recibir incentivos en efectivo de parte de iniciativas con interés social, pero sus resultados no suelen ser positivos en el largo plazo, y en la mayoría de los casos perpetúan las peores manifestaciones de paternalismo.

Por esto, el enfoque del PIEA radica en empoderar a la población, ofreciendo alternativas económicamente sostenibles que favorezcan la conservación de los recursos naturales.

Impactos negativos de las actividades agrícolas no sostenibles en una cuenca hidrográfica . Fuente: Adaptado de Tarté (2012).

Los acuerdos que el Programa de Incentivos Económicos Ambientales celebra con los productores participantes requieren del compromiso de ambas partes.

Por un lado, el PIEA se compromete a brindar toda la asesoría necesaria para mejorar las operaciones agrícolas.

Y por el otro, los productores se comprometen a no talar los árboles que se encuentran en sus propiedades, proteger los ríos y quebradas que corren por sus tierras, velar por la prevención y control de incendios forestales, y apoyar los esfuerzos por evitar la cacería y la extracción ilegal de productos forestales.

De esta manera, al mismo tiempo que se fortalecen los medios de vida de las comunidades locales, se preservan los recursos naturales de la cuenca. Es el mejor ejemplo de una relación en la que todos ganan.

Los hermanos Vargas. De izquierda a derecha (y de mayor a menor): José, Isidoro y Máximo.

Hace unas cuantas décadas, José Vargas comenzó a incursionar en el cultivo de café. Después de más de 10 años de intentos infructuosos siguiendo prácticas tradicionales, recibió del Programa de Incentivos Económicos Ambientales la transferencia tecnológica que finalmente lo llevó a elevar sus rendimientos. Se trata del cultivo de café con sombra.

Al mismo tiempo que se fortalecen los medios de vida de las comunidades locales, se preservan los recursos naturales de la cuenca.

Bajo esta modalidad de agroforestería, los árboles de café comparten la parcela con otros tipos de árboles, los cuales proveen la sombra necesaria para que esta variedad de café –conocida como robusta, bajo sombra o de bajura– crezca saludablemente. Además, el consecuente incremento en la cobertura vegetal disminuye la erosión del suelo y ayuda a la conservación de los recursos hídricos.

Fuente: Adaptado de Cerezo (2011).

Pero los beneficios no terminan ahí. Los árboles que crecen junto al café caen dentro de tres categorías principales, según las funciones que realizan, en lo que se conoce como smart reforestation o reforestación inteligente:

  • Árboles maderables: representan una inversión a largo plazo para las familias
  • Árboles frutales: son una constante fuente nutricional (o de ingresos).
  • Árboles de servicios: proporcionan importante abono cuando sus hojas, ricas en nutrientes, caen al suelo y se descomponen.

La palabra clave es diversificación, y la mezcla agroforestal se va haciendo de forma escalonada: diferentes especies acompañan al café durante diferentes etapas de su crecimiento.  Así, el café no sólo es receptor de sombra, sino que también proporciona espacio temporal a otros cultivos como el maíz y el frijol, por ejemplo.

En sentido horario desde arriba: (1) Máximo Vargas inspecciona una parcela de café con sombra. (2) En medio del café crecen frutales como el cacao (en la foto), además de mango, aguacate, guabas, banano, y muchos más. (3) José Vargas demuestra un mecanismo de control de la plaga la broca del café.

Pese a todo lo anterior, la resistencia al cambio es una realidad que no se puede ignorar. Mientras que José y su hermano Máximo (el menor de los tres) comenzaban a implementar las técnicas de café con sombra, Isidoro, el del medio, se mantenía algo incrédulo. Pensaba, “esto no hace sentido, las plantas necesitan luz, cuanto más, ¡mejor!”

Pensaba, “esto no hace sentido, las plantas necesitan luz, cuanto más, ¡mejor!”

Isidoro decidió entonces hacer un experimento y comprobar la teoría por sí mismo. Tomó una pequeña parcela y la dividió en dos. En un lado aplicó la tradicional roza-quema y sembró café (y sólo café). En el otro aplicó las técnicas agroforestales prescritas por el Programa. Después de una temporada, las conclusiones saltaban a la vista. Los árboles de café en el lado tradicional tenían un aspecto amarilloso, y las hojas estaban algo achurradas. Pero en el otro lado mostraban un tono de verde saludable, mayor altura y, sobre todo, rendimientos muy superiores. Desde ese momento, Isidoro quedó convertido. Ahora es unos de los más acérrimos defensores de los sistemas agroforestales en las reuniones organizadas por el Programa.

Y es este tipo de curiosidad científica lo que precisamente se necesita para que el conocimiento no viaje solamente en una dirección. Gracias a la experiencia de este Programa en la Cuenca del Canal se han podido mejorar algunas técnicas de producción tradicionales, con el potencial de transferirse a otros lugares. Por ejemplo, la distancia entre plantones de café recomendada por la literatura es de 3 metros, pero se ha demostrado que -bajo las condiciones prevalentes en esta zona- los rendimientos por área son mejores a una distancia de 4 metros.

Izquierda: Arturo Cerezo, asesor del PIEA, intercambia conocimientos con los productores; es claro que la relación que se ha cultivado entre ellos es una de mucha confianza y respeto mutuo.
Derecha: Relevo genracional - Edgardo Nuñez pertenece a una nueva generación que está heredando los beneficios de la transferencia tecnológica.

Después de años de éxito en materia de rendimientos, el siguiente paso para los productores del Programa consiste en capacitarse en temas de gestión empresarial. Esto con el fin de llevar sus operaciones a otro nivel de formalidad, incluyendo el acceso a nuevos mercados.

El aspecto contable es fundamental. “Llevar registros es algo que el campesino tradicionalmente no hace,” cuenta Arturo Cerezo, ingeniero agrónomo de la Autoridad del Canal, y uno de los principales impulsores del Programa. “¿Cuánto cultiva? ¿Cuánto de esto consume? ¿Cuándo vende, intercambia, regala…? Se necesitan cifras para realmente poder demostrar los avances.”

En la actualidad, decenas de productores en el área han recibido equipo (como secadores solares y piladoras) proporcionado por la Autoridad del Canal y la Fundación NATURA para poder procesar su café. Como miembros de la Asociación de Productores de Café de las Subcuencas de los Ríos Cirí y Trinidad del Canal de Panamá (ACACPA), sus esfuerzos ahora se centran en el mercadeo y comercialización de este producto con características únicas, cultivado en las inmediaciones de una vía interoceánica mundialmente conocida. Incluso ya tienen una marca establecida para ello: Cuencafé.

La experiencia de los hermanos Vargas es un claro ejemplo de cómo una visión ecosistémica genera beneficios integrales.
“¿Cuánto vale una taza de café?... No tiene precio.”

Después de casi 9 años de trabajar bajo la asesoría del Programa, los resultados para los hermanos Vargas –y para el área que ocupan dentro de la Cuenca del Canal– hablan por sí solos:

  • La cobertura boscosa ha incrementado considerablemente: Quizá se podría argumentar que ahora hay más bosque porque la población del área se encuentra en descenso, como suele ocurrir en muchas zonas rurales de Panamá. Pero lo que ocurre es todo lo contrario: la población local está creciendo. En lugar de emigrar a la ciudad en busca de oportunidades, los jóvenes están optando por quedarse, gracias a las nuevas formas de prosperar con la tierra.
  • Hay más agua. Hoy en día, la quebrada que cruza la propiedad de los Vargas –hace años convertida en una zanja desprovista de agua– ha recuperado su caudal gracias al incremento de la cobertura boscosa circundante. Los hermanos incluso han creado un pequeño reservorio y colocado una toma de agua que funciona incluso durante la época seca.
  • Han regresado especies de fauna, como venados, tucanes y monos, que años atrás habían desaparecido del área.
  • Los rendimientos se han multiplicado: los productores locales ahora cuentan con fuentes de ingresos mucho más diversas, confiables y, sobre todo, rentables.
  • Los rendimientos se han acelerado: los rendimientos no solamente se han incrementado por cada cosecha, sino que los períodos entre cosecha se han acortado. Así lo afirma José, “antes pasábamos 11 años esperando que madure una siembra, ahora en 2 y medio ya estamos listos para cosechar”.

“¿Cuánto vale una taza de café?” Para José Vargas, “no tiene precio.” No lo dice porque el suyo sea un café único (aunque lo es), ni tampoco porque para su familia el cultivo haya representado una transformación desde la subsistencia hacia la prosperidad. Lo dice porque, cuando dos personas se sientan a conversar sobre agricultura sostenible con una taza café, el valor de las ideas que fluyen y de los vínculos que se forman sobrepasa lo material.


Referencias

Cerezo, Arturo. 2011. “Uso de especies nativas para la reforestación de tierras en la Cuenca del Canal de Panamá”, en: Memorias del Segundo Simposio Internacional Construyendo Caminos de Conocimiento para un Futuro con Sostenibilidad Hídrica. Panamá: Autoridad del Canal de Panamá (ACP) y UNESCO.

Tarté, Rodrigo. 2012. Analfabetismo Ecológico: El conocimiento en tiempos de crisis. Panamá: Editorial Ciudad del Saber.

*El título de este artículo hace referencia a la trascendental obra de Stanley Heckadon, De Selvas a Potreros: La Colonización Santeña en Panamá: 1850-1980 (Panamá: Exedra Books, 2009).

Créditos

Textos: Andrés Tarté
Ingeniero industrial y ambiental, con una pasión por la comunicación visual del conocimiento.
Fotografías: Víctor Mares
Cineasta documentalista, con un amplio interés por temas del desarrollo sostenible.

Agradecimientos:

Arturo Cerezo, Raúl Martínez y Emilio Messina de la División de Ambiente de la Autoridad del Canal de Panamá; y en especial a la familia Vargas por abrirnos sus puertas (y por el excelente café).

Ficha Técnica de la Iniciativa

Nombre del Programa/Proyecto:

Programa de Incentivos Ambientales

Entidad ejecutora:

Autoridad del Canal de Panamá (ACP)*

Periodo:

2009 – Presente

Áreas temáticas: